El siguiente paso de Chávez, Correa y Ortega será reconocer beligerancia.
MÁS: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/otroscolumnistas/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3987529.html
jueves, 6 de marzo de 2008
miércoles, 5 de marzo de 2008
¿Y EL PUEBLO?
Con la actual crisis "diplomática" entre Colombia, Ecuador y Venezuela, el pueblo se ha puesto de moda. Y claro, está siendo usado. Ahora resulta que todas las acciones de los tres países están encaminadas hacia el bienestar de este. Yo me sigo preguntando ¿Dónde está el pueblo?
Con toda la espectacularización que se le ha dado el tema (de eso somos responsables los comunicadores y periodistas), son muchas las versiones, conjeturas, hipótesis, rumores, "joyitas" y hasta adefesios que se han dicho.
En primer lugar el hecho de que los más importantes medios de comunicación de este país hayan mostrado las fotografías sin ningún tipo de retoque del abatido guerrillero alias Raúl Reyes, no deja de ser una muestra flagrante de amarillismo. Sin embargo, de no ser así hoy habría muchas dudas en la opinión pública sobre si sería o no cierto que le habían dado de baja. Y eso se debe únicamente a que las autoridades de este país ya no tienen credibilidad por las muchas mentiras que le han dicho a "el pueblo".
Pero el otro fenómeno es que aquí un escándalo (espectáculo) opaca otro en cuestión de horas, lo que hace que "el pueblo" no tenga memoria. Y claro, cualquiera se aprovecha de eso. ¿Acaso alguien recuerda hoy día que hace algunos meses anunciaron la muerte de alias "El Negro Acacio", pero de él nunca mostraron el cadáver? No, "el pueblo ya había olvidado esa baja; igual pasa con Carlos Castaño y algunos todavía dudan de la muerte de Pablo Escobar, simplemente porque a las autoridades colombianas no se les cree.
Pero el tema es el pueblo. Y ese pueblo que ha sufrido las barbaries de la guerra, del terrorismo (insurgente y de estado) hoy celebra la muerte de un personaje como Raúl Reyes. Entonces si bien la incursión de las tropas colombianas en territorio ecuatoriano puede no ser legal (si se invocan las normas internacionales podría utilizarse la figura de defensa anticipada), si es absolutamente legítima, en tanto "el pueblo" colombiano la está legitimando, es decir, la apoya.
Pero lamentablemente, lo que debería haber sido un elemento cohesionador, se convirtió en un detonante que rompió las relaciones entre naciones vecinas (no comparto el concepto de naciones hermanas, porque el vecino de uno no es el hermano y el hermano no necesariamente es el vecino), al conocerse una serie de información (por demás mal manejada) que no deja duda de los vínculos de Venezuela con la guerrilla de las FARC y que de paso (para sorpresa de muchos) involucra al Ecuador.
Lo innegable aquí es que el señor Reyes representaba una amenaza para la seguridada nacional de Colombia y que el golpe fue duro y contundente, por lo que no se puede permitir bajo ninguna circunstancia que rumores como que "estaban durmiendo", "los atacaron a la mansalva" y cosas por el estilo desvíen la atención. Como hubiera sido se trataba de terroristas que más de una vez habían asesinado sin ninguna consideración a miles de colombianos.
Pero en quien nadie piensa ahora es en "el pueblo". ¿Acaso quienes están en las fronteras sufriendo desabastecimientos por los bloqueos, o los miles de ciudadanos que han perdido sus empleos por las restricciones al intercambio comercial o quienes sufrirán las retaliaciones guerrilleras, no son pueblo?
Yo si quisiera saber si el Palacio de Nariño o el de Miraflores o el de Carondelet, están desabastecidos. Ojala tuviera a alguno de esos presidentes de frente para decirles una única cosa: ¿Y el pueblo?
Con toda la espectacularización que se le ha dado el tema (de eso somos responsables los comunicadores y periodistas), son muchas las versiones, conjeturas, hipótesis, rumores, "joyitas" y hasta adefesios que se han dicho.
En primer lugar el hecho de que los más importantes medios de comunicación de este país hayan mostrado las fotografías sin ningún tipo de retoque del abatido guerrillero alias Raúl Reyes, no deja de ser una muestra flagrante de amarillismo. Sin embargo, de no ser así hoy habría muchas dudas en la opinión pública sobre si sería o no cierto que le habían dado de baja. Y eso se debe únicamente a que las autoridades de este país ya no tienen credibilidad por las muchas mentiras que le han dicho a "el pueblo".
Pero el otro fenómeno es que aquí un escándalo (espectáculo) opaca otro en cuestión de horas, lo que hace que "el pueblo" no tenga memoria. Y claro, cualquiera se aprovecha de eso. ¿Acaso alguien recuerda hoy día que hace algunos meses anunciaron la muerte de alias "El Negro Acacio", pero de él nunca mostraron el cadáver? No, "el pueblo ya había olvidado esa baja; igual pasa con Carlos Castaño y algunos todavía dudan de la muerte de Pablo Escobar, simplemente porque a las autoridades colombianas no se les cree.
Pero el tema es el pueblo. Y ese pueblo que ha sufrido las barbaries de la guerra, del terrorismo (insurgente y de estado) hoy celebra la muerte de un personaje como Raúl Reyes. Entonces si bien la incursión de las tropas colombianas en territorio ecuatoriano puede no ser legal (si se invocan las normas internacionales podría utilizarse la figura de defensa anticipada), si es absolutamente legítima, en tanto "el pueblo" colombiano la está legitimando, es decir, la apoya.
Pero lamentablemente, lo que debería haber sido un elemento cohesionador, se convirtió en un detonante que rompió las relaciones entre naciones vecinas (no comparto el concepto de naciones hermanas, porque el vecino de uno no es el hermano y el hermano no necesariamente es el vecino), al conocerse una serie de información (por demás mal manejada) que no deja duda de los vínculos de Venezuela con la guerrilla de las FARC y que de paso (para sorpresa de muchos) involucra al Ecuador.
Lo innegable aquí es que el señor Reyes representaba una amenaza para la seguridada nacional de Colombia y que el golpe fue duro y contundente, por lo que no se puede permitir bajo ninguna circunstancia que rumores como que "estaban durmiendo", "los atacaron a la mansalva" y cosas por el estilo desvíen la atención. Como hubiera sido se trataba de terroristas que más de una vez habían asesinado sin ninguna consideración a miles de colombianos.
Pero en quien nadie piensa ahora es en "el pueblo". ¿Acaso quienes están en las fronteras sufriendo desabastecimientos por los bloqueos, o los miles de ciudadanos que han perdido sus empleos por las restricciones al intercambio comercial o quienes sufrirán las retaliaciones guerrilleras, no son pueblo?
Yo si quisiera saber si el Palacio de Nariño o el de Miraflores o el de Carondelet, están desabastecidos. Ojala tuviera a alguno de esos presidentes de frente para decirles una única cosa: ¿Y el pueblo?
domingo, 24 de febrero de 2008
¿Y LA DEMOCRACIA?
Algunos quieren poner sobre la mesa -y lo están logrando- el tema de la segunda reelección del presidente de la república de Colombia, Álvaro Uribe Vélez.
En un estado como el colombiano, donde la ineficiencia de los gobernantes y la indiferencia de los ciudadanos es evidente, es casi utópico hablar de democracia y hechos como el que mencionaba al principio, confirman lo que digo.
Empecemos por mencionar el fenónemo de que aquí todos creen que el estado son los gobernantes, cuando estos no son más que zanganos oportunistas que aprovechan la ignorancia de la gente, para atacar y exprimir al pueblo hasta dejarlo en la ruina. Parafraseando al colega asesinado Jaime Garzón, se supone que el funcionario público es para que le funcione al público, pero en Colombia es al contrario. La masa estúpida termina rindiéndole pleitecías a los que están en el poder y estos abusando de esa confianza.
El estado somos todos, pues como ciudadanos en pleno ejercicio de derechos y deberes lo conformamos. Muy diferente el estado al aparato político que, en Colombia, bien sabemos que está colapsado. Aún me hierve la sangre de ira cada vez que se destapa un escándalo de corrupción en el congreso o en las gobernaciones o en las alcaldías o en cualquier entidad pública. Y eso que en los medios de comunicación sólo sale una mínima parte de lo que en realidad pasa, porque los periodistas colombianos ya no publicamos la información, sino que nos hemos vuelto expertos en ocultarla.
Y ahora quieren reelegir por segunda vez a un presidente. ¿Acaso hay alguien tan bueno como para que no pueda haber alguien mejor? o ¿hay alguien tan bueno que sea imprescindible? Es necesario oxigenar el panorama político del país. No me explico cómo es que hay personajes que llevan la vida entera en puestos de elección popular y la gente los sigue eligiendo y legitimando todas sus mañas políticas y administrativas y de paso ayudándoles a apoderarse de los recursos públicos. ¿Será que los dirigentes políticos del país, ¿han conseguido sus fortunas unicamente con el salario que devengan por sus "buenos" oficios en beneficio del país? Habrá que analizar sus cuentas bancarias para llegar a una conclusión. Yo ya saqué la mía.
La democracia es el menos malo de los sistemas de poder en el mundo, pero al parecer en Colombia resultó ser el más malo. Lo que podemos hacer es apropiarnos de nuestra condición de ciudadanos y aplicar la frase de Gaitán: "el pueblo es superior a sus dirigentes", claro que Gaitán olvidó decir que sólo el pueblo inteligente es superior a los dirigentes que en todo caso, casi siempre son brutos.
En un estado como el colombiano, donde la ineficiencia de los gobernantes y la indiferencia de los ciudadanos es evidente, es casi utópico hablar de democracia y hechos como el que mencionaba al principio, confirman lo que digo.
Empecemos por mencionar el fenónemo de que aquí todos creen que el estado son los gobernantes, cuando estos no son más que zanganos oportunistas que aprovechan la ignorancia de la gente, para atacar y exprimir al pueblo hasta dejarlo en la ruina. Parafraseando al colega asesinado Jaime Garzón, se supone que el funcionario público es para que le funcione al público, pero en Colombia es al contrario. La masa estúpida termina rindiéndole pleitecías a los que están en el poder y estos abusando de esa confianza.
El estado somos todos, pues como ciudadanos en pleno ejercicio de derechos y deberes lo conformamos. Muy diferente el estado al aparato político que, en Colombia, bien sabemos que está colapsado. Aún me hierve la sangre de ira cada vez que se destapa un escándalo de corrupción en el congreso o en las gobernaciones o en las alcaldías o en cualquier entidad pública. Y eso que en los medios de comunicación sólo sale una mínima parte de lo que en realidad pasa, porque los periodistas colombianos ya no publicamos la información, sino que nos hemos vuelto expertos en ocultarla.
Y ahora quieren reelegir por segunda vez a un presidente. ¿Acaso hay alguien tan bueno como para que no pueda haber alguien mejor? o ¿hay alguien tan bueno que sea imprescindible? Es necesario oxigenar el panorama político del país. No me explico cómo es que hay personajes que llevan la vida entera en puestos de elección popular y la gente los sigue eligiendo y legitimando todas sus mañas políticas y administrativas y de paso ayudándoles a apoderarse de los recursos públicos. ¿Será que los dirigentes políticos del país, ¿han conseguido sus fortunas unicamente con el salario que devengan por sus "buenos" oficios en beneficio del país? Habrá que analizar sus cuentas bancarias para llegar a una conclusión. Yo ya saqué la mía.
La democracia es el menos malo de los sistemas de poder en el mundo, pero al parecer en Colombia resultó ser el más malo. Lo que podemos hacer es apropiarnos de nuestra condición de ciudadanos y aplicar la frase de Gaitán: "el pueblo es superior a sus dirigentes", claro que Gaitán olvidó decir que sólo el pueblo inteligente es superior a los dirigentes que en todo caso, casi siempre son brutos.
domingo, 11 de noviembre de 2007
LA SORPRENDENTE IDIOTEZ DE LA GENTE
Cada día me sorprendo más de la idiotez de la gente. Por un lado buscan reconocimiento, pero por el otro cierran la puerta a toda posibilidad de mejorar sus conocimientos, de hacer mejor y en forma más eficiente lo que hacen todos los días.
Tienen miedo a perder un trono que no les pertenece y no aceptan que puede haber personas que hagan las cosas mejor que ellos o que mínimamente puedan mejorar los procesos. Son títeres de su vida, esclavos de sus propios miedos e imbéciles útiles que son tomados y dejados cada vez que se les requiere. No se dan cuenta de que no son queridos y, peor aún, creen que son irremplazables e imprescindibles.
Conozco un par de personas así y lejos de ser queridas, cada vez están más alejadas de la vida social. Su entorno los rechaza poco a poco y son unos bodrios convencidos, altruistas, engreídos. Son unos soquetes de la vida y lo peor es que no lo saben.
En el otro lado están los que no conocen los procesos y creen que todo debe de ser realizado a la ligera. A veces adulan un logro, pero más de las veces están presionando sin tener argumentos y sin tener la más minima idea de cómo se hacen las cosas. Lo más grave del asunto es que no son capaces de reconocer que son ellos los que no se soportan y los que quieren presionar, y se excusan en supuestas presiones de otros. Otros que no tienen nombre, que son fantasmas. Otros que no son más que ellos mismos.
Es soprendente la capacidad de la gente para sabotear las buenas cosas, para menospreciar el trabajo de los otros por mera envidia. Es sorprendente la idiotez de la gente...
Tienen miedo a perder un trono que no les pertenece y no aceptan que puede haber personas que hagan las cosas mejor que ellos o que mínimamente puedan mejorar los procesos. Son títeres de su vida, esclavos de sus propios miedos e imbéciles útiles que son tomados y dejados cada vez que se les requiere. No se dan cuenta de que no son queridos y, peor aún, creen que son irremplazables e imprescindibles.
Conozco un par de personas así y lejos de ser queridas, cada vez están más alejadas de la vida social. Su entorno los rechaza poco a poco y son unos bodrios convencidos, altruistas, engreídos. Son unos soquetes de la vida y lo peor es que no lo saben.
En el otro lado están los que no conocen los procesos y creen que todo debe de ser realizado a la ligera. A veces adulan un logro, pero más de las veces están presionando sin tener argumentos y sin tener la más minima idea de cómo se hacen las cosas. Lo más grave del asunto es que no son capaces de reconocer que son ellos los que no se soportan y los que quieren presionar, y se excusan en supuestas presiones de otros. Otros que no tienen nombre, que son fantasmas. Otros que no son más que ellos mismos.
Es soprendente la capacidad de la gente para sabotear las buenas cosas, para menospreciar el trabajo de los otros por mera envidia. Es sorprendente la idiotez de la gente...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)