viernes, 20 de marzo de 2009

MEDELLIN SE DESANGRA

En Medellín hay una guerra armada oculta, escondida, desalmada y de las más altas connotaciones bélicas para la sociedad y para los ciudadanos que cada vez tienen más miedo frente a la difícil situación de orden público que aqueja a la ciudad.

Aunque las autoridades locales (actuales y anteriores) no reconocen lo que está pasando y al contrario pretenden maquillar la realidad, en Medellín la situación de orden público está desbordando los límites en los que se puede mantener oculta y poco a poco empiezan a aparecer en los medios, vestigios de lo que se mueve "por debajo" de lo público. Panfletos con amenazas, sicarios en las calles, enfrentamientos armados en los barrios, un mercado creciente de estupefacientes a toda escala, desde toneladas que van y vienen, hasta cientos de dosis personales que son distribuidas por jíbaros en reconocidas zonas del centro y en casas de vicio de los barrios, dejan ver que por mucho que se diga que no, la verdad es que el problema está tomando dimensiones alarmantes.

Medellín tiene un pasado trágico, desastroso y doloroso de violencia y muerte. Conflicto que en gran medida ha sido financiado por el narcotráfico y ejecutado por las facciones urbanas de la guerrilla, los paramilitares y las bandas y combos denominados de delincuencia común. En esas épocas de guerra miles de personas murieron y desaparecieron, otras tuvieron que desplazarse al interior de la ciudad o irse lejos para salvar sus vidas. Las historias más desgarradoras ocurrieron hace apenas 20 años. Muchos medellinenses recuerdan la época de Pablo Escobar y la retoma de algunas zonas de la ciudad como Aranjuez, Santa Cruz y los Populares a manos del ejército, comandado en ese entonces por el general Harold Bedoya. La leyenda urbana habla de que instituciones como el colegio Gilberto Alzate Avendaño, era la escuela de los sicarios de Pablo y que allí muchachos de 13 o 14 años iban clase armados y que había patios que eran propiedad de ciertos grupos, como lo son ahora las cárceles. En ese entonces también se enfrentaban a bala al estilo de cárceles como Bellavista. La única diferencia era que no había presos y guardianes, sino estudiantes y profesores. En esa época el ejército se apoderó de las terrazas de las casas y hacía allanamientos diariamente, donde encontraban toneladas de armas en los barrios. También encontraron pillos por doquier y cuenta la gente que muchos de ellos fueron acribillados en la calle y tirados al río Medellín. La orden era clara, limpiar, y lo estaban haciendo. Claro, el terrorismo del narcotráfico superaba con creces esa supuesta crueldad del ejército.

Hechos más recientes aún no se borran de la memoria de la ciudad y del país. La comuna 13 también fue recuperada a sangre y fuego por el ejército y hoy se habla de todos los excesos de esa retoma. Esa comuna era un nido de delincuentes, un territorio perdido, el bajo mundo en medio de la ciudad y por algún tiempo se logró recuperar.

El origen del problema ahora es el mismo. Un capo del narcotráfico, un grupo de traquetos que pretenden controlar ciertas zonas de la ciudad para servir a los intereses de ese capo y otra serie de narcotraficantes que quieren parte de la torta al precio que sea. No precisamente dinero, sino toda la violencia que sea necesaria para imponerse y quedarse con todo.

De nada sirve negar y desestimar la amenazas, recoger los muertos en tiempo récord (antes se demoraban hasta cuatro horas, hoy lo hacen en menos de media) y ocultar la información a los medios de comunicación, si en la práctica, en la vida real, en el colectivo, en el barrio, los hombres armados, los que extorsionan y matan, hacen de las suyas. Hacía mucho tiempo no se escuchaba de enfrentamientos con armas de fuego en los barrios y ahora han vuelto, por muchos días la gente no temía salir a la calle y ahora prefieren evitarlo. Aquí están matando diariamente entre 10 y 15 personas, lo que habla de que la guerra ha vuelto, de que el Estado no puede seguir en una burbuja diciendo que no pasa nada, que las amenazas son basura y que los enfrentamientos son mentira, porque no figuran en las estadísticas. Mientras tanto, mientras se le vende una imagen errónea al mundo de un remanso de paz, en las zonas dónde no van los extranjeros, en los barrios populares, en Manrique, Aranjuez, Santa Cruz, Robledo, Belencito y muchos otros, todos los días intimidan, amenazan, extorsionan y matan. Todos los días por las calles corre la sangre de personas que en la mayoría de los casos no superan los 30 años y que se están matando porque les ofrecieron un millón de pesos, un revólver y una moto. Y la razón de por qué aceptaron ese "trabajo" es simple: el Estado no fue capaz de ofrecerles un empleo digno en el que al menos les pagaran el mínimo.

Medellín se desangra, porque no hay otra posibilidad. El narcotráfico ha vuelto a sembrar el terror y los muchachos que son reclutados, en su mayoría, no tienen otra opción. La ciudad ha vuelto a la guerra y a la ciudad ha vuelto la guerra, tal vez no con las mismas proporciones que ha conocido, pero es el comienzo. Ninguna guerra empieza grande, todas tienen un origen en la base, en el pueblo y aquí el pueblo es el caldo de cultivo, el dinero del narcotráfico el combustible y la indiferencia del Estado la excusa... Lo que sigue es un baño de sangre a gran escala.

miércoles, 14 de enero de 2009

EMBAJADAS Y CONSULADOS COLOMBIANOS: UNA OPORTUNIDAD DESAPROVECHADA

Por:
Mauricio Zuluaga Ruiz

De acuerdo con información de la Cancillería colombiana, el país cuenta con la siguiente representación diplomática en el exterior: 47 Embajadas, 63 Consulados y 5 Misiones Diplomáticas ante organismos internacionales. En ellas, un millar de ciudadanos colombianos representan los intereses políticos, económicos, sociales y culturales de nuestro país, algunos de estos funcionarios hacen parte de la carrera diplomática del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia y otros hacen parte de la representación política, pero finalmente todos hacen parte del Gobierno Colombiano en el exterior.

Para las Embajadas de mayor importancia (EEUU con Carolina Barco, Reino Unido con Noemí Sanín, España con Carlos Rodado, Francia con Fernando Cepeda, entre otros se cuenta con personalidades de primera línea y de ahí en adelante se van barajando nombres que otrora han representado algún nombre o apellido para el país (Sabas Pretelt de la Vega, Julio Londoño Paredes, Claudia Turbay Quintero, Francisco Noguera, Luis Fernando Jaramillo, Camilo Ospina, Claudia Blum, Luis Guillermo Ángel, Rosso José Serrano, Carlos Holmes Trujillo, Tony Jozame, Francisco Lloreda, Juan Alfredo Pinto, Patricia Cárdenas, etc., etc., etc.), es decir, ex ministros, ex viceministros, ex congresistas, ex directivos, solo ex, ex, ex.

Ha habido casos incluso, en que nuestras representaciones diplomáticas han dejado mucho que desear, recordemos por ejemplo a Carlos Moreno de Caro como Embajador ante Sudáfrica, Salvador Arana como Embajador en Chile, Jorge Noguera como Cónsul en Milán o casos menos sonados como el escándalo acontecido con el ex Cónsul de Colombia en Tabatinga, Marco Antonio Caicedo Avendaño en la frontera con Brasil, o la perla más reciente del cónsul en la ciudad venezolana de Maracaibo, Carlos Galvis Fajardo, quien tuvo que renunciar por sus comentarios sobre las elecciones regionales del país vecino con José Obdulio Gaviria, alto consejero presidencial de Uribe, o lo que se puede esperar de nuestras relaciones con Sudáfrica al nombrar como nuevo Embajador a Edgar Perea.

Las embajadas y consulados colombianos están siendo una oportunidad desaprovechada para el país, sólo se están utilizando para el pago de favores políticos o para mantener buenas relaciones con apellidos tradicionales en el país, pero no se están viendo como alternativas de negocios con el resto del mundo, como nuevos nichos de mercado y como nuevas posibilidades para buscar más y mejores alternativas para los productos y productores de Colombia en el exterior.

Las representaciones diplomáticas en el exterior, pero sobre todo los consulados, deben ser una ventana de negocios, una oportunidad de venta, una representación que verdaderamente sepa los avatares de los negocios internacionales que apoyen la labor del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, que promuevan el nombre del país en el exterior y no sólo sirvan para representar a Colombia en cócteles o reuniones de gala que poco sirven y mucho le cuestan a los bolsillos de todos los colombianos a través de sus impuestos.

Por ello, se recomienda que las embajadas y en mayor medida los consulados funcionen como las notarías en el país, que se auto sostengan y que además un porcentaje de los recursos que generen sean para el erario público. Por ejemplo, los principales Consulados de Colombia en el exterior son Miami, Madrid, Barcelona, Caracas, entre otros, éstos deberían servir como casos piloto para implementar las medidas, donde el Cónsul General venda servicios, genere recursos, auto sostenga el consulado y además genere ganancias. Si esto funciona bien, cada consulado podría tener sus propios ingresos, tendrían que moverse más en el país donde se ubiquen, buscar más negocios, más empresarios e inversionistas interesados en Colombia y aportar más a la economía del país. Allí donde estas representaciones diplomáticas sólo generen costos, se debería tener, sólo por representación política, uno o dos delegados, sin que representen mayor carga para el fisco nacional o para los recursos recaudados y administrados por la Cancillería colombiana.

De esta forma se podrían abrir más consulados, se podrían promover más negocios, y sobre todo, se podría contar con funcionarios colombianos en el exterior que verdaderamente estén aportando al desarrollo del país desde el exterior y no sólo sirvan como una carga presupuestal que ande de cóctel en cóctel sin ningún servicio para el país.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

UN SÍNDROME LLAMADO PIRAMIDE

Por:
Mauricio Zuluaga Ruiz

En estos momentos, no vale la pena buscar culpables, un adagio popular reza: no busquemos el ahogado río arriba y, es totalmente cierto, otro dice, no mire la paja en el ojo ajeno, busque la viga en su propio ojo; reflexionemos entonces y, encontraremos razones.

Las hoy temidas PIRAMIDES han permeado toda la sociedad en sus distintos niveles, socio cultural, socio económico, socio político y hasta socio religioso, pero, o no nos percatamos de su existencia, o consentimos en ellas
y creo de verdad en lo último, consentimos en ellas.

Una mirada muy rápida nos permite encontrar que hay enormes pirámides, dentro del ámbito colombiano, en nuestra propia sociedad y allí están y permanecerán si no actuamos con responsabilidad individual y hacemos algo para evitar que se conviertan en verdaderos gigantes de desastre y negatividad.

Las hay, si, y crecen día a día en los diferentes estamentos así:

En la familia: padres que invierten poco y esperan mucho, dejan la educación, el control y la formación de los hijos a merced de terceros, y con el tiempo, derrumbe seguro.

En la educación, cuando padres o acudientes recurren a lo que sea necesario para cancelar costosas matrículas con ingredientes adicionales, esperando con ello un rendimiento oneroso: ver a sus hijos bien preparados, bien formados, en instituciones que reafirmen los principios y valores inculcados en casa, pero no, todo lo contrario, mediocridad, anti valor, vagancia y malas costumbres es lo que hoy en esas venerables instituciones se adquiere.

En la Universidades donde se promueve el mal entendido concepto de competitividad, que lleva a los nuevos profesionales a buscar enriquecimiento rápido, pues el dinero y su cuantiosa acumulación se han convertido en el único indicador de valor.


En el Sector Financiero, invertida sí, pero existe, allí las grandes organizaciones pagan poco, pero esperan mucho, cobran por todo, promueven campañas para que la comunidad las utilice, pero colocan todo tipo de trabas, costos y condiciones, convirtiendo este servicio en privilegio de grandes empresas y de pocas personas, las menos necesitadas.

En la Justicia, invertida también porque se aplica al débil y se protege al fuerte; allí quienes invierten son los que la manejan, invierten sí, pero a favor de quienes tienen grandes intereses y allí como en el sector financiero, las utilidades son bien significativas.

En la Política, hoy al servicio de verdaderos inversionistas afectos a las corrientes piramidales que dejan de lado los verdaderos problemas del pueblo, para dedicarse a sacar adelante los intereses particulares.

En el sector gobierno, ávido de mayor poder, que ve lo pequeño, pero ignora lo esencial perdiendo con ello su credibilidad.

Así como estas, hay muchas más.

martes, 25 de noviembre de 2008

POBRES Y VICTIMAS, DOBLE DRAMA


Primero fueron víctimas de la pobreza, un legado poco alentador de años de miseria en pueblos subdesarrollados y aislados, y después la violencia llegó a hacer su despreciable contribución a la tragedia humana de los habitantes más vulnerables de Nariño, Argelia y Sonsón, municipios del oriente lejano de Antioquia.

Son cerca de 70 mil personas de estratos 1, 2 y 3, distribuidas en 1.890 kilómetros cuadrados que comparten el territorio conocido como subregión Páramo en el oriente antioqueño (comparten el Páramo de Sonsón), las que por cerca de 10 años padecieron los más crudos embates de la guerra. La zona limita con el departamento de Caldas y es corredor estratégico por zona selvática hacia el Chocó, lo que la convirtió en un escenario de las más cruda lucha por el control territorial, aunque los grupos paramilitares se limitaron al casco urbano de Sonsón y a los corregimientos San Miguel, La Danta Y Jerusalén de este municipio, en el Magdalena Medio.

Por las carreteras y caminos era común ver pasar hombres y mujeres armados, con rostros poco amigables y vestidos de camuflado, ante los cuales los temerosos pobladores volteaban la cabeza, cerraban las puertas y ventanas, protegían a sus niños y rezaban para que nada malo les sucediera, aunque a veces los rezos resultaban infructuosos. Los menos afortunados tenían la mala suerte de encontrárselos de sorpresa en aquellos andares y siempre se enfrentaban al dilema de “seguir de largo sin mirar” o “saludar”… Siempre quedaba la duda de qué hacer, porque en todo caso lo más seguro, era un balazo.

Para los niños las armas de los cerca de 10 mil combatientes que tuvo la zona (de todos los bandos), eran el único aliciente. Crecer para tener un fusil y vengar la muerte de algún familiar, del papá, la mamá o de toda la familia. Esto se veía día a día en las zonas rurales, el miedo era amo y señor y los hombres armados, los paracos, los guerrillos, los soldos, los primos o como se les llamara, eran los sirvientes de ese amo, los encargados de mantener viva la llama del miedo, extinguiendo la llama de la vida.

Pero las cabeceras municipales, aunque vivían el conflicto de una manera distinta no estaban a salvo. Las calles se vaciaban a las seis de la tarde y todas las puertas estaban bien cerradas a las 7 de la noche, aunque de poco servían, porque todos los días tres o cuatro personas eran sacadas de sus casas y asesinadas en parajes cercanos o lejanos, cualquier lugar era bueno, cualquier pretexto servía para matar, todo estaba permitido.

En esos pueblos hubo casos en los que la gente era matada en el parque principal o en las calles principales a cualquier hora del día. “Al de allí lo mataron cuando iba en bicicleta”, “al de allá lo sacaron de la casa y lo mataron en la vereda tal”, “a este lo torturaron”, “a aquel le pegaron un tiro delante de los hijos”, esos eran los comentarios comunes en los temerosos corrillos donde se hablaba de todo, pero no se sostenía nada, donde se sabía quiénes eran “los malos” sin que se pudiera hacer nada, donde la verdad era un secreto a voces, calladas por las balas.

Todo tan cotidiano, tan común, tan real, tan desalentador… Los pobladores ya estaban acostumbrados a esas expresiones, a esas situaciones; los cementerios empezaron a llenarse, en los caminos y carreteras las cruces y calvarios llegaron a adornar con sus formas y colores tétricos, los parajes más solitarios y hoy las imágenes más funestas, crueles, horripilantes e imborrables persisten en la mente de quienes vivieron y padecieron el infortunio de vivir en una zona que lo único que ofrecía era montañas y corredores estratégicos para que los hampones se escondieran.

En los pueblos del suroriente antioqueño, entre 1995 y el 2003, los poderes estaban repartidos. Nariño y Argelia bajo el dominio total de la guerrilla de las FARC al mando de alias “Karina” y Sonsón sitiado por los paramilitares bajo la comandancia del temido “Huracán”, el más sangriento de los líderes paramilitares que, según los pobladores, conoció la zona.

Nariño y Argelia sufrieron tomas guerrilleras a sangre y fuego y esos grupos ilegales pasaron a ser la ley. Eran quienes decidían, quienes juzgaban, quienes castigaban… No había otra ley ni otro ordenador, el fusil era el único que ejercía la justicia y nunca absolvía. Miles de desaparecidos tiene la zona, cientos de víctimas que esperan por lo menos verdad, historias macabras, miles de desplazados que aún no regresan a sus tierras y que tal vez nunca volverán, todo en tan poco tiempo, contra personas que no fueron más que espectadores, cientos de inocentes caídos y un común denominador, impunidad.

La otra cara

Si bien estos grupos ilegales sembraron el terror en los lugares por donde pasaron, para muchos pobladores también significaron la solución a sus problemas, pues en varios casos los grupos ilegales asumieron funciones del Estado, como en el Magdalena Medio sonsoneño, donde construyeron un hospital, pagaron profesores, construyeron escuelas y escenarios deportivos.

Así mismo, la delincuencia común, los atracos callejeros, el consumo de alucinógenos y las riñas callejeras disminuyeron casi en su totalidad.

Las cifras

En la región miles de personas han sido víctimas de las acciones de los grupos armados, tanto ilegales como de la fuerza pública. Se estima que son aproximadamente 15 mil personas las víctimas directas, entre desplazados, asesinados y desaparecidos, pero también hay que contar a los espectadores que igualmente son víctimas.

Cientos de caminos fueron minados, como es el caso del Municipio de Argelia, donde el camino que conduce del casco urbano a la vereda Mesones, estuvo minado en el tramo Alto del Tigre a Mesones y desde este mismo alto del Tigre hacia Alto Bonito, lo que afectó directamente a cerca de 10 veredas aledañas, que son la despensa agrícola del municipio y que impidió el retorno por cerca de dos años de aproximadamente 100 familias desplazadas de la región, que se encontraban en el casco urbano a la espera de un desminado para poder volver a sus tierras; Sin embargo ese procedimiento no se hizo efectivo hasta el 2007, pese a que el ejército tenía desde el 2005 una base militar en la vereda Mesones.

El hecho más representativo en materia de desplazamiento forzado masivo en el oriente antioqueño durante el año 2006 se presentó entre el 3 y el 9 de agosto, donde por presión de las FARC-EP se desplazaron del municipio de Argelia 1.622 campesinos y de Nariño 1.153 para un total de 2.775 personas. Sumada a esta grave situación, las autoridades encargadas de la atención a la población desplazada, como Acción Social, no calificaron tal situación como desplazamiento masivo, por lo que negaron la asistencia humanitaria de emergencia y desconocieron los principios y definiciones legales tanto nacionales como internacionales respecto a estas situaciones.

Los falsos positivos

La fuerza pública también puso su cuota macabra en la tragedia de la zona. Muchos son los casos presentados, aunque pocos fueron denunciados.

El primero conocido se presentó en febrero de 2006:

A las 9:30 p.m. del día 12 de febrero de 2006 a la finca de la familia Tabares Bedoya ubicada en la vereda La Gitana del municipio de Argelia, llegó un soldado del ejército nacional –este militar era conocido por que patrullaba la zona con regularidad con el Ejército Nacional-, luego de golpear fuertemente la puerta obligó a la familia a que abriera, procediendo a intimidarlos con un fusil y obligó a Yosmi a irse con él. La familia intentó evitar que se llevara a la menor pero el militar desaseguró el fusil y los amenazó con dispararles. Luego de un tiempo la menor regresó afirmando que la había agredido sexualmente.

El proceso penal por este caso se inició en la Fiscalía Seccional de Sonsón por el delito de acceso carnal violento; sin embargo, el fiscal consideró que no existía prueba del delito contra la libertad sexual y decidió enviarlo a un Fiscal Especializado de la ciudad de Medellín para que lo tramitara por secuestro. Luego de practicarse algunos medios de prueba, la Fiscalía Especializada consideró que no se configuraba el delito de secuestro, que la retención que hizo el militar fue para lograr consumar el delito de acceso carnal, remitiendo nuevamente el proceso al Fiscal de Sonsón[1].

Este caso sigue sin resolverse. Tres días después en una vereda cercana, se presentó el segundo caso:

El 15 de febrero de 2006 SUSANA PATRICIA GALEANO se encontraba en la finca ubicada en la vereda El Plan del municipio de Argelia, donde vivía en compañía de sus padres, con su hermana menor, dedicadas a las labores del hogar. Aproximadamente a las 12:30 p.m., por la finca donde se encontraban las hermanas GALEANO, pasó un joven quien luego de conversar con ellas un momento y contarles que por ahí cerca venía personal del Ejército Nacional, se fue con rumbo desconocido.

Pocos momentos después las hermanas GALEANO escucharon disparos de arma de fuego en cercanía a la finca donde vivían. La hermana menor asustada por el aturdidor sonido que producen las explosiones de las armas de fuego, corrió al patio donde su hermana SUSANA PATRICIA se encontraba realizando labores de limpieza en el hogar.

Momentos después escucharon una voz que desde la parte externa de la vivienda llamaban para que los ocupantes de la vivienda salieran. Una vez salieron de la vivienda, observaron a una distancia aproximada de 2 metros y medio, a los soldados
JUAN CARLOS JIMÉNEZ LOAIZA y al Cabo ALBERTO MÉNDEZ PINZÓN quienes sin mediar palabra dispararon en contra de la joven SUSANA PATRICIA GALEANO[2].

La IV Brigada reportó una muerte en combate de una supuesta integrante de las FARC que se había escondido en esa casa, por lo que en el cruce de disparos había fallecido una joven de 15 años. La joven resultó ser la hermana de Susana Patricia Galeano. Por este caso tampoco hay condenas.

Dos meses después se presentó otro caso en el casco urbano de Argelia:

ADRIÁN CÁRDENAS MARÍN, quien padecía problemas mentales, ante la difícil situación laboral decidió trasladarse de la ciudad de Medellín hacia el municipio de Argelia de donde era oriundo. El viernes 14 de abril de 2006 el ejército lo detuvo en el casco urbano del Municipio y por la noche estuvieron varios uniformados en la casa de la tía donde se estaba hospedando averiguando por él. A pesar de la información que dio la familia, ese viernes en las horas de la noche el ejército lo asesinó. El cuerpo aparecería aproximadamente a diez (10) minutos del casco urbano de Argelia. El ejército lo reportaría como un guerrillero muerto en combate[3].

Este caso también sigue sin esclarecerse y en ese mismo año, en el municipio de Nariño, se presentaron dos casos similares:

En el municipio de Nariño (se realizó) la ejecución extrajudicial de líderes y campesinos que fueron presentados como muertos en combate; esto sucedió con BELISARIO MARÍN CARVAJAL, labriego de la vereda El Bosque ultimado por el Ejército el día 30 de noviembre de 2006 y ROQUE BOLAÑOS, líder comunitario de la vereda La Iguana, asesinado recientemente (en el 2006) por integrantes del Ejército y que fue presentado como un jefe de finanzas de las FARC dado de baja en combate (esta persona no sabía ni leer ni escribir); luego de su muerte la familia se vio obligada a desplazarse de la región. Este tipo de muertes han generado mucho temor en la zona que se encontraba disfrutando de una relativa tranquilidad durante el último año, a tal punto que el presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda Quebrada Negra se vio obligado a abandonar la región para evitar ser víctima de algún tipo de acción criminal[4].

Donde sí hubo una reciente condena por un falso positivo del ejército, fue en Sonsón:

A penas iguales que suman 170 años de prisión, fueron sentenciados cinco militares de la cuarta brigada que sacaron de su casa en Sonsón al campesino José De Jesús Rendón Alzate, quien se convirtió en una de las 110 víctimas en los falsos positivos de esa subregión del oriente antioqueño.
Según el fallo confirmado por la justicia de Antioquia, fueron notificados de la condena de 34 años los militares: Elmer Torres Rodríguez, Carlos Andrés Ladino Monroy, Fred Alexander Cañaveral Ramírez, Gionay Présiga Tangarife y Elkin Edison. Durante la incursión en la vivienda de José de Jesús Rendón Alzate, el 23 de abril del 2004, sus pequeños hijos fueron amenazados y una niña sufrió acoso sexual[5].

No más, ni una más, nunca más

Esta frase se ha convertido en la única arma de guerra de las víctimas del conflicto armado en todo el país. Para Nariño, Argelia y Sonsón, es la única esperanza de la región que poco a poco recupera su integridad y su tejido social y avanza hacia el desarrollo que por años se vio relegado por la violencia. Los propietarios de tierras y mayores empleadores de la zona, están regresando para retomar la vida que dejaron a la fuerza, el comercio florece como hacía mucho tiempo no lo hacía, las carreteras son transitadas tranquilamente a cualquier hora del día y el control lo tiene nuevamente el Estado.

Sin embargo, las víctimas siguen esperando la verdad, la justicia, la reparación y muchos aún esperan el regreso de sus seres queridos, pues guardan la esperanza de que estén vivos en algún lugar, aunque en realidad, en el fondo saben que no es así y que nunca los volverán a ver, pero conservan la esperanza para mantenerse vivos. Como dice Gloria*, una de las mujeres que perdió a su hijo de 19 años a manos de los paramilitares “la violencia aún no me ha vencido”.

Y no la ha vencido, porque víctimas como ella, que en su mayoría tienen el común denominador de la pobreza, son la memoria para que el país entero siga convencido de que aquí no puede haber repetición, ni una más, nunca más.


[1] http://www.observatoriodepaz.org.co/
[2] http://www.observatoriodepaz.org.co/
[3] Ibíd.
[4] Ibíd.
[5] http://www.rcn.com.co/
* Nombre cambiado