Estamos sentenciados a creer en lo que nos dicen, porque pocas veces tenemos la opción de acceder a información de primera mano de lo que está pasando en ciertas regiones. Pues bien, lejos de lo que muchos dirían y más lejos aún de lo que otros pensarían, hoy se está presentando una grave situación en el corregimiento Rioverde de los Henaos, del municipio de Sonsón.
martes, 29 de septiembre de 2009
viernes, 11 de septiembre de 2009
LAS BASES MILITARES Y LOS DISTURBIOS EN LA U DE A
Las bases militares estadounidenses en Colombia, se han convertido en tema de debate nacional e internacional que ha trascendido más de lo que debería. Los gringos han estado aquí por décadas y así seguirá siendo.
Durante esta semana me he topado todos los días con estadounideneses. Tres veces en el Metro y dos veces más en la universidad. Parece algo tan convencional que nadie se da la vuelta siquiera cuando los escuchan hablar en inglés o ante su apariencia diferente al prototipo colombiano. Los gringos ya hacen parte de nuestra cultura, de nuestras vidas, los tenemos de vecinos, de amigos e incluso de familiares. Entonces, si son una realidad presente en nuestras ciudades, ¿por qué tanto escándalo con la llegada de presencia militar norteamericana a bases colombianas? La intervención militar de ese país ha favorecido durante los ocho años de gobierno de Uribe, la seguridad democrática que tantos aquí veneran e incluso antes, desde la puesta en marcha del Plan Colombia.
Resulta absurdo ahora rechazar a los gringos, porque simplemente al vecinito venezolano no le gusta, o mejor no le conviene nada tenerlos tan cerca, vigilando, expiando, controlando. Nadie aquí había dicho nada o se había manifestado en contra de la presencia norteamericana, hasta que el detestado, pero escuchado más de lo necesario Chávez, empezó a quejarse.
Y hay cosas verdaderamente absurdas. La ultima ocurrió ayer en la Universidad de Antioquia, donde un grupo de revoltosos salieron a protestar contra "la presencia de Bases Militares Estadounidenses en Colombia", pero en realidad terminaron mostrando su vandalismo y tendencia terrorista. ¿Es lógico protestar contra el "intervencionismo militar" utilizando explosivos y armas (no de fuego, pero sí artefactos con cierta complejidad tecnológica)?, ¿es coherente que una universidad de 30 mil estudiantes tenga que ser evacuada a las dos de la tarde, porque algunos revoltosos están enfrentándose a punta de papas bombas, piedras y artefactos lesivos, con la policía?, ¿sirve de algo que un estudiante pierda una mano y otro resulte con serias quemaduras en la mayor parte de su cuerpo (seguramente se lo merecían), porque se les ocurrió armar "pequeñas bombas" para enfrentar el escuadrón antidisturbios? NO, no lo es. Esa es la muestra de los actos terroristas de que son capaces unos cuantos y que terminan apoyando la tesis del Gobierno de que se necesita apoyo militar extranjero. Pues bien, ante actos vandálicos (por no decir terroristas) como los de ayer, ahí están las bases. No las querían, pero por sus actos, ahí las tienen.
Acudo al comunicado emitido por la rectoría de la Universidad de Antioquia, después de que tomaran la decisión de evacuar el campus para "proteger la vida y la integridad de los miembros de la comunidad universitaria, lo mismo que los bienes patrimoniales del Alma Máter": "la Universidad repudia el uso de la violencia bajo todo pretexto, y exhorta a privilegiar el diálogo, la crítica razonada y la protesta pacífica, como medios imprescindibles para mantener la convivencia y la gobernabilidad.
Dos jóvenes liciados y nada logrado. ¿Cuándo aprenderemos?
lunes, 25 de mayo de 2009
EL PULPO Y LOS PESCADITOS
La democracia se basa en la libertad y pluralidad de pensamiento y se garantiza con la renovación de las personas que guían las instituciones. Sin embargo, cuando algunos personajes se mantienen en el poder por más tiempo del tradicional, las garantías para que otras personas lleguen a ocupar esos puestos como servidores públicos se ven bloqueadas, diezmadas y en muchos casos anuladas.
Estamos a menos de un año de las elecciones para elegir Congreso y Presidente de la República, pero la incertidumbre electoral sobre quién ocupará la presidencia, ha hecho carrera en todo el país; aún no está claro quiénes serán los candidatos y no se sabe si el actual Presidente presentará su nombre en las próximas elecciones, con el agravante de que muchos de los que se dicen precandidatos están arrodillados ante el emperador Uribe, esperando que éste diga si quiere o no un tercer mandato. Lo que sí está claro es que el Presidente está en campaña (como lo ha estado en los últimos 7 años), lo que se evidencia en que cada semana utiliza los medios nacionales para hacer proselitismo y politiquería y repartir uno que otro “chequesito” de manera irresponsable en los Consejos Comunitarios. Así las cosas, las demás personas interesadas en ocupar la presidencia están en una absoluta desventaja frente al candidato – presidente que tiene a su entera disposición toda la maquinaria del Estado para figurar y hacer campaña. Como lo ha dicho la propia senadora Cecilia López, al cuestionársele por su precandidatura siendo congresista activa, “¿qué es una camioneta de un senador, frente al avión presidencial o qué es el canal del Congreso frente a la exposición mediática diaria del presidente Uribe?”
Ya en la primera reelección presidencial en Colombia se dijo de múltiples maneras que los demás candidatos no tenían las suficientes garantías para participar en la contienda electoral. Ahora, con un Presidente envalentonado por espectaculares triunfos militares en su lucha contra el terrorismo y con una conveniente simpatía en órganos como la Fiscalía, la Procuraduría, la Contraloría, amplias mayorías en el Congreso y una jugada maestra para elegir los magistrados de la Corte Constitucional de manera que fueran cercanos a sus ideologías, la desventaja es aún mayor. Esta situación se agrava si se tiene en cuenta que el Consejo Nacional Electoral es controlado de manera descarada por el Ministro del Interior, aunque se supone que es un órgano de control independiente.
Mientras tanto, cada día crece la baraja de precandidatos a la Presidencia de la República, pero salvo honrosas excepciones, muchos son una fiel copia del Presidente, lo que no hace más que confundir a los electores, quienes ante la pobreza de esas propuestas (probablemente una situación generada a propósito), ven a Uribe como el mesías, el único y verdadero salvador.
Los resultados de encuestas que se muestran en diferentes medios, son un claro reflejo de lo que hasta aquí se ha dicho. Muchos prefieren omitir al presidente Uribe de sus preguntas para poder medir el grado de favorabilidad de los demás precandidatos entre los electores. Lo que resulta de ahí es una clara división, que lleva a concluir que en caso de que Uribe no sea candidato, tendrán que hacerse por lo menos dos vueltas para elegir al primer mandatario de los colombianos. Esto muestra dos cosas: la primera es que la desventaja de un candidato “común” frente a un presidente en ejercicio es abismal y, la segunda, es que ninguno de los precandidatos tiene la suficiente fuerza y claridad propositiva para convencer a los electores.
Las garantías no están dadas para las elecciones que se realizarán en el 2010. Ninguno de los precandidatos debería estar aprovechando su acceso a herramientas del Estado para hacer campaña. Los congresistas activos tienen ventajas por los puestos que ostentan, los ex ministros utilizaron hasta más no poder su cargo para hacerse ver (ahora aparecieron las vallas de agradecimiento), los liberales están entre apartarse o no del Presidente porque cualquiera de las dos posiciones les hará ganar o perder votos, los conservadores son uribistas declarados, el Polo está polarizado y no tiene nada claro y los ex alcaldes y ex gobernadores aprovechan la alta popularidad que tuvieron mientras ostentaron sus cargos para tratar de convencer. En ninguno de los casos se sabe de dónde sale el dinero para las campañas (o de dónde salió) y no hay una clara separación entre las funciones de cierto cargo y las acciones proselitistas.
Lo que queda en evidencia es que “replicar y andar la procesión” riñe con la institucionalidad y la transparencia, aunque esto parece importarle poco a unos y otros que lo único que hacen es tirarse la pelota para ver quién se deja meter el gol. Aquí importa más el quién que el qué, cuando finalmente el que está perdiendo es el pueblo. Como están las cosas, vamos a terminar igualitos que un país vecino, con un cacique, unos títeres y una oposición desbaratada. Mientras las reglas de juego no estén claras no habrá garantías, porque es imposible que un puñado de pescaditos (algunos delfines) sea capaz de derrotar a un pulpo que ya se ha llevado por delante la institucionalidad representada en las cortes, los órganos de control y la dignidad del pueblo.
viernes, 20 de marzo de 2009
MEDELLIN SE DESANGRA
En Medellín hay una guerra armada oculta, escondida, desalmada y de las más altas connotaciones bélicas para la sociedad y para los ciudadanos que cada vez tienen más miedo frente a la difícil situación de orden público que aqueja a la ciudad.
Aunque las autoridades locales (actuales y anteriores) no reconocen lo que está pasando y al contrario pretenden maquillar la realidad, en Medellín la situación de orden público está desbordando los límites en los que se puede mantener oculta y poco a poco empiezan a aparecer en los medios, vestigios de lo que se mueve "por debajo" de lo público. Panfletos con amenazas, sicarios en las calles, enfrentamientos armados en los barrios, un mercado creciente de estupefacientes a toda escala, desde toneladas que van y vienen, hasta cientos de dosis personales que son distribuidas por jíbaros en reconocidas zonas del centro y en casas de vicio de los barrios, dejan ver que por mucho que se diga que no, la verdad es que el problema está tomando dimensiones alarmantes.
Medellín tiene un pasado trágico, desastroso y doloroso de violencia y muerte. Conflicto que en gran medida ha sido financiado por el narcotráfico y ejecutado por las facciones urbanas de la guerrilla, los paramilitares y las bandas y combos denominados de delincuencia común. En esas épocas de guerra miles de personas murieron y desaparecieron, otras tuvieron que desplazarse al interior de la ciudad o irse lejos para salvar sus vidas. Las historias más desgarradoras ocurrieron hace apenas 20 años. Muchos medellinenses recuerdan la época de Pablo Escobar y la retoma de algunas zonas de la ciudad como Aranjuez, Santa Cruz y los Populares a manos del ejército, comandado en ese entonces por el general Harold Bedoya. La leyenda urbana habla de que instituciones como el colegio Gilberto Alzate Avendaño, era la escuela de los sicarios de Pablo y que allí muchachos de 13 o 14 años iban clase armados y que había patios que eran propiedad de ciertos grupos, como lo son ahora las cárceles. En ese entonces también se enfrentaban a bala al estilo de cárceles como Bellavista. La única diferencia era que no había presos y guardianes, sino estudiantes y profesores. En esa época el ejército se apoderó de las terrazas de las casas y hacía allanamientos diariamente, donde encontraban toneladas de armas en los barrios. También encontraron pillos por doquier y cuenta la gente que muchos de ellos fueron acribillados en la calle y tirados al río Medellín. La orden era clara, limpiar, y lo estaban haciendo. Claro, el terrorismo del narcotráfico superaba con creces esa supuesta crueldad del ejército.
Hechos más recientes aún no se borran de la memoria de la ciudad y del país. La comuna 13 también fue recuperada a sangre y fuego por el ejército y hoy se habla de todos los excesos de esa retoma. Esa comuna era un nido de delincuentes, un territorio perdido, el bajo mundo en medio de la ciudad y por algún tiempo se logró recuperar.
El origen del problema ahora es el mismo. Un capo del narcotráfico, un grupo de traquetos que pretenden controlar ciertas zonas de la ciudad para servir a los intereses de ese capo y otra serie de narcotraficantes que quieren parte de la torta al precio que sea. No precisamente dinero, sino toda la violencia que sea necesaria para imponerse y quedarse con todo.
De nada sirve negar y desestimar la amenazas, recoger los muertos en tiempo récord (antes se demoraban hasta cuatro horas, hoy lo hacen en menos de media) y ocultar la información a los medios de comunicación, si en la práctica, en la vida real, en el colectivo, en el barrio, los hombres armados, los que extorsionan y matan, hacen de las suyas. Hacía mucho tiempo no se escuchaba de enfrentamientos con armas de fuego en los barrios y ahora han vuelto, por muchos días la gente no temía salir a la calle y ahora prefieren evitarlo. Aquí están matando diariamente entre 10 y 15 personas, lo que habla de que la guerra ha vuelto, de que el Estado no puede seguir en una burbuja diciendo que no pasa nada, que las amenazas son basura y que los enfrentamientos son mentira, porque no figuran en las estadísticas. Mientras tanto, mientras se le vende una imagen errónea al mundo de un remanso de paz, en las zonas dónde no van los extranjeros, en los barrios populares, en Manrique, Aranjuez, Santa Cruz, Robledo, Belencito y muchos otros, todos los días intimidan, amenazan, extorsionan y matan. Todos los días por las calles corre la sangre de personas que en la mayoría de los casos no superan los 30 años y que se están matando porque les ofrecieron un millón de pesos, un revólver y una moto. Y la razón de por qué aceptaron ese "trabajo" es simple: el Estado no fue capaz de ofrecerles un empleo digno en el que al menos les pagaran el mínimo.
Medellín se desangra, porque no hay otra posibilidad. El narcotráfico ha vuelto a sembrar el terror y los muchachos que son reclutados, en su mayoría, no tienen otra opción. La ciudad ha vuelto a la guerra y a la ciudad ha vuelto la guerra, tal vez no con las mismas proporciones que ha conocido, pero es el comienzo. Ninguna guerra empieza grande, todas tienen un origen en la base, en el pueblo y aquí el pueblo es el caldo de cultivo, el dinero del narcotráfico el combustible y la indiferencia del Estado la excusa... Lo que sigue es un baño de sangre a gran escala.
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